Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

Algún sociólogo debería de estar ya haciendo un estudio sobre la fauna del Tinder y la selva en la que se ha convertido esta aplicación que ya usan no se cuantísimos millones de personas en todo el mundo. Fauna en la que yo, por supuesto me incluyo de vez en cuando, generalmente cuando no tengo pareja. Como siempre he dicho, a mi nadie me habla en un Museo, en la cola del bus, o en el cine cuando voy sola...tampoco la “solución tipo madre” de cursos de fotografía de cocina o de lo que sea suele dar resultado para conocer “gente nueva”. ¿Qué nos queda? Tindear. Que es lo mismo que Guarrear. There is no way out. El celibato, que ahora que es verano, como que no.

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Mi relación con el Tinder es, supongo, que como la de much@s de vosotros: de pseudoamor-odio infinito. Sabes que es una mierda pero no puedes dejar de usarlo. Te metes y te quitas jurando que nunca más volverás a entrar. Hay cierto placer hipnótico en pasar todas esas fotos a la velocidad de la luz. Sabes positivamente que nunca vas a encontrar ahí al amor de tu vida, ni si quiera al amor a secas, pero aún así te da igual. Normalmente los usuarios de Tinder se desactivan la cuenta cuando están hartos o no soportan el enganche pero muy pronto vuelven a “caer” otra vez…a ver si ahora hay suerte. Es como cuando nos desinstalábamos el Whatsaap para no acabar locos y a la hora nos lo volvíamos a poner. Esto va un poco igual.

En general creo que Tinder ha banalizado las relaciones y el sexo de una forma exagerada, algo que no pasaba con otras webs de ligar tipo Meetic, que eran como más “tranquilas”, más reposadas. En Tinder, todo es frenético y ante cualquier duda, inconveniente o molestia..Next Please! Que pase el o la siguiente. Es mover un dedo y te aparecen cinco más. ¿que quieres quedar para echar un polvo esta noche? Lo tienes. ¿Qué quieres una tarde de piscina? También. Todo se puede. Es el reino de las mil posibilidades y de los mil engaños.

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Prestando atención a esta herramienta te das cuenta de que la gente ya no quiere “una relación”, “un novio o novia” o “enamorarse”. Es que nadie sabe lo que quiere. Todos y todas dicen/decimos buscar “nada en concreto”, “lo que encuentre”…y esto se traduce en varias cosas, la primera y más importante: sexo fácil, que ya es mucho. Pero hay mucha otra gente que lo que quiere es llenar huecos (el hueco de la cama, el hueco del ego perdido, el hueco de la seguridad en uno mismo..del yo puedo hacer lo que quiera, yo puedo ligarme a un tío que este bueno, yo puedo con una de 18, el charlar a altas horas de la noche con cualquiera solo para matar la soledad y nunca más volverse a hablar, pasar las personas como si fueran cromos, sipi, nopi, sipi, nopi..sin importar qué o quién hay detrás.

Y luego está esa voracidad que generalmente es más frecuente en ellos de seguir atesorando más y más contactos no vaya a ser que mientras estoy viendo a esta o este (y ya estoy quedando con él/ella), haya otra u otro que me pueda gustar más, no vaya a ser que me esté perdiendo algo mejor…y así hasta el infinito y más allá.

Todo esto viene al caso porque en estos últimos tiempos me he encontrado en Tinder a algunos de los seres más raros y cutres de la galaxia (y quien escribe ya sabéis que tiene mil batallitas que contar) y todos se supone que “cultos” con estudios universitarios, profesiones que molaban y gente con mundo…pues fíate tú de la gente con mundo. Estoy llena de prejuicios pensando que un médico es mejor persona que un carnicero que uno que lee va a tratarme mejor que uno que solo sabe dar patadas a un balón, o que uno “viajado” va tener más conversación que otro que sólo ha salido de España para ir al viaje de fin de curso.. pero ahora todo esto lo pongo seriamente en duda. Cualquiera puede ser cualquier cosa.

Claro, que entre toda esa fauna está EL BUENO, o debe estarlo, por eso seguimos ahí, inasequibles al desaliento, buscando una aguja en un pajar.

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Otra característica de tindear es que la gente aparece y desaparece, como el Guadiana. Tú te pasas una tarde hablando con un desconocido que quizás no te vuelva a dirigir la palabra nunca más, o de repente aparece uno al que le diste tu teléfono hace un año (como a mi hace poco). Eso contando con que no sea un programa informático que envía respuestas tipo robot (que ya los hay), porque este pavo, cuando le estaba mandando a la mierda se puso a decirme “adiós, eres maravilosa. Maravilosa” y yo; einnn??? ¡si no me conoces! En fin. Una locurita de vivir.

También es muy gracioso cuando te encuentras a tu ex novio (con las fotos que le has hecho tú ahí puestas y frasecitas que te dan ganas de coger una recortada), con ex-jefes, con vecinos, con rollos, con follamigos..Es la gran aldea global.

Mi amiga C. lo que hace es no poner foto y busca a personas que no tengan foto (que suelen estar todos casados, claro) así que cuando queda es una verdadera “cita a ciegas” en el sentido literal de la palabra. Con cada uno se inventa una vida distinta porque dice que es el único sitio en donde puede ser otra sin ningún problema. Con unos es casada, con otros soltera, se inventa hijos, profesiones…algo así como un juego de rol bastante divertido que estoy pensando en probar.

¿Veis esto del Tinder tan negativo como yo? ¿cuál es vuestra experiencia? ¿habñeis encontrado no ya “el amor” si ni algo medianamente decente?

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