Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

Después de tener varias relaciones más o menos serias, podría decir que me he topado con dos tipos de personas, aquellas que cuando quieren se dan por completo y se esfuerzan por hacerte feliz todos los días de una relación hasta que ésta se termina  y aquellas para las que el amor es un alimento solamente para ellos y por lo tanto es estacional e intermitente. Te harán feliz si ellos sacan tajada de ello, si en ese momento necesitan el “subidón” del amor y nunca te darán lo que realmente necesitas ni quieres ni esperas, por mucho que lo digas…puesto que es algo que quieres tú, no ellos.  Siempre verán la pareja como un juego de uno: el de ellos. Si te adaptas a su  ritmo el partido sigue, si no, se acabó. Esas personas son terroristas sentimentales  que juegan con tus sentimientos al pin-pong.

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Cuando les viene bien y les conviene y tengan tiempo y ganas de quererte o dedicar a la relación, lo harán y esperarán de ti lo mismo. Pero también vendrán tiempos en los que otras cosas ocuparán su mente y simplemente dejarán esa relación de lado..no hay tiempo para todo y ya se sabe que dos cosas a la vez no se pueden hacer.  Ahora te dejo aparacado/a que ya te retomaré más tarde si veo que tal….como tú estés me trae sin cuidado, por mucho que me lo digas. Parecería que esa gente solo te quisiera cuando no tiene otra cosa más interesante que hacer. El amor es dar pero también es exigir: exigir una cierta constancia…que no te cojan y te dejen cuando convenga y que no te quieran o dejen de querer según sople el viento o las condiciones atmosféricas. Todo el mundo pasa por malos momentos, pero hay que saber distinguir cuando un “mal momento” dura más de la cuenta.

Frecuentemente hacen esto las personas muy intensas, esos que te quieren 100 y luego te quieren -10. Pues bien, prefiero que me quieran siempre 50, pero siempre…Como decía el otro, “quiéreme menos, pero quiéreme mejor”

A la gente no se la quiere como a uno le da la gana y “te quiero” no es una palabra mágica que abre todas las puertas..

Cuando pasa esto, a menudo uno de los dos, el que lo sufre, se convierte en un ser en perpetua demanda de amor y de atención. “dame lo que antes me dabas, quiéreme, follame, atiéndeme, estáte conmigo..es decir nos convertimos en mendigos de migajas de amor con muy poca dignidad. El  efecto conseguido es exactamente el contrario: las quejas  y la continua demanda exasperan al otro hasta tal punto que si ya te quería poco, ahora vas a conseguir el gallifante de oro: que te quiera aún  menos y te eche la culpa a ti de todos vuestros males. No te da y tu te quejas y como te quejas, te da menos todavía y tú te quejas aún más hasta que todo haga bum.  Y lo que es peor, te tiendes a echar la culpa, “en realidad soy yo” y disculpas a la otra persona siempre…

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Pero ¿deberíamos rogar y pedir que nos quieran o deberíamos simplemente darnos la vuelta y marcharnos? ¿por qué conformarnos con algo que igual para otros vale pero que a nosotros no nos hace felices? ¿Hay que conformarse con lo que nos den o tenemos derecho a pedir lo que creemos que nos merecemos?

Igual que una planta de interior, en el exterior se muere, no vale con regarla, igual es con algunas personas: uno cuenta al otro sus deseos, sus expectativas, hace planes, quiere cosas, espera otras cosas y el otro en vez de tener en cuenta todo esto solo se tiene en cuenta a sí mismo ¿os suena?  Y cree que con decir “te quiero” se arreglan todos los males. Eso me suena a las mujeres maltratadas a las que les dan de ostias y luego les dicen que las quieren..y ellas se conformar con esas migajas antes de la siguiente paliza..salvando las distancias a veces es así con las relaciones…estamos en continua necesidad de cosas que no tenemos y nos contentamos con una caricia en la cabeza y un te quiero de refilón para volver a empezar llenas de ganas hasta darnos de bruces con la siguiente decepción.

Una de las cosas que más me ha descolocado siempre es el cambio de registro de algunas personas: del amor más loco a la frialdad más absoluta. De andar muertos de amor follando por las esquinas se pasa a ser una especie de ser transparente al que solo se le dan caricias en la espalda como si  fueras un Setter irlandés.  Cuando preguntas ¿pero qué pasa? A menudo dirán: ¿qué pasa de qué? Así es el espejismo del amor.

Esas personas seguramente quieran al otro y sus sentimientos sean sinceros, Es sencillamente que no saben querer bien, igual porque nunca han aprendido. Les dices lo que te pasa, lo frustrada que te sientes por eso que ya no te dan y te dirán: “voy a cambiar, voy a intentar comportarme de otra forma” pero después ni ellos mismos se paran a pensar qué tienen que cambiar, se olvidaron de pensarlo, simplemente no les importa, no dedicaron ni cinco segundos de su tiempo a pensarlo.

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Hay algunas señales inequívocas de que una relación está ya en las últimas y hay que coger el bolso y las bragas y marcharse:

 

-Cuando te sientes transparente..es decir, cuando te paseas en tanga o tetas delante de sus narices y no ven ni el tanga, ni las tetas, ni siquiera te ven a ti. ¿Cuándo un culo deja de ser un CULO para convertirse en un culo?

-Cuando aunque duermas con ellos, parezca  que duermes sola, uno en Lima y otro en Pernambuco.

-Cuando ya no hacen ningún tipo de referencia a tu aspecto..al hilo de esto de ser transparente.

-Cuando les preguntas si te quieren como antes, y te dicen que claro que no..en vez de claro, mucho más…

-Cuando dejan de tener detalles contigo. De las flores, de las cosas de antes se pasa a otra muy distinta: nada..Ni siquiera te traerán un Muffin cuando salgan del Starbucks, no te emociones. No esperes algún detalle después de una discusión. Eso no sucederá. (y no estoy hablando de cosas que cuesten dinero)

-Cuando ya no te sientes especial. Una de las ventajas del amor es que te hace sentirte la persona más especial del mundo,  pero cuando el amor se acaba tu autoestima está por los suelos. No solo no te ven especial si no que tú misma te empiezas a ver vulgar.

-Cuando de hablar de ti, de él y de vosotros se pasa a hablar de rutinas, vida cotidiana y trabajo.

-Cuando te dejan y te vuelven a coger mil veces, como si fueras un comodín..ahora sí, ahora fuera.

-Cuando no son capaces de decirte con palabras lo que sienten por ti, o les preguntas por qué te quieren y no tienen ni idea…porque sí, porque estás ahí., porque “eres guay”.

-Cuando ya no te quieren follar y también eso lo tienes que pedir. Cuando suena el despertador y con los diez minutos de sobra prefieren plancharse una camisa a que les hagas una mamada (ya hay que ser gilipollas)

-cuando ya no se hacen planes de futuro juntos..y lo máximo que planificas es de la mañana para esa misma tarde

-Cuando no te dan besos con lengua..esto de la lengua es una “prueba de fuego”.

-Cuando te llaman por teléfono desde el báter (sí, si, mientras están cagando)

-Cuando ya no te dicen nunca que te echan de menos, o que te quieren ver o que piensan en ti…y cuando se lo dices, te dicen que “ya no tenemos 15 años”

-Cuando después de follar les preguntas ¿en qué piensas? Y te dicen “en lo que tengo que hacer hoy”

-Cuando tienes la sensación de que cada vez que quedáis  o viene a verte es como si te hiciera un favor y que cada llamada que te hace (a la misma hora) estuviera establecida en una agenda.

 

Cuando el amor se convierte en eso…¿dónde está el amor? Como dice una amiga de mi madre, estoy empezando a pensar que quizá la culpa es nuestra, que le damos demasiada importancia a las relaciones. Un hombre es un complemento maravilloso, como un bolso u unos zapatos. Lo importante es el vestido, siempre.

 

 

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