Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

Con todo lo que hablo y he hablado en este blog de tíos, de novios, de follamigos..de cosas muy íntimas, la verdad pero pocas veces hablo de MI. Pues bien, esta va a ser una de esas extrañas veces que os contaré algo de mi por si acaso os sirve de inspiración o para pensar que estoy chalada o lo que sea.

El caso es que llevaba cinco años en un trabajo que no me gustaba, en el que me pagaban bien pero del que yo no me iba a ir jamás (precisamente porque me pagaban bien). Más concretamente trabajaba en una revista del corazón llevando la web  -Y si, estaba como un pulpo en un garaje- En diciembre tuve la mala o buena fortuna de que me pusieran de patitas en la calle por segunda vez en cuatro años. 

Los días después de un despido son muy desconcertantes, una se queda un poco en plan ¿y ahora yo que hago? Bueno pues yo solo sabía una cosa: que ya no quería “más de lo mismo” y que quería poner punto y final a veinte años de carrera profesional, que en mi caso ha sido la del periodismo digital. Nunca supe muy bien que significa “carrera profesional” y para qué sirve exactamente lo que sabia es que jamás, que nunca más, ningún empresario chungo me iba a largar a la puta calle sin merecerlo otra vez. A menudo nos dejamos la piel en los curros y no hay que dejársela. No hay que enrabietarse, no hay que pelear tanto, no hay que dar de más. Hay que hacer lo que sea y punto. “No pienses, ejecuta”, qué frase más sabia que me dijo una vez uno de mis jefes. El que crea que en el trabajo está la felicidad está poniendo sus miras en algo francamente inestable y que además no depende de él o ella.

Siempre que me dejan o siempre que me echan hago un viaje. Y esta vez caí en Londres. Y de Londres volví con la idea de lo que sería y es mi nuevo trabajo y mi nueva vida. Veréis cuando a uno le plantean este tipo de preguntas: ¿Qué te ves haciendo dentro de 20 años, cuál sería tu trabajo ideal? Yo siempre me imaginaba que tendría una tienda y pasaría el día leyendo, escribiendo y escuchando jazz. Exactamente lo que hago ahora.

Pues bien; volví de Londres con la peregrina idea de montar una tienda. Y eso fue lo que hice. Sin pensarlo mucho (para no echarme atrás) me puse a ello como si no hubiera un mañana. Encontré el lugar perfecto en Malasaña una tarde lluviosa de enero y a partir de entonces me zambullí de lleno el el proyecto: obras, licencia, decoración gitana a mi estilo, proveedores…todo sin tener la más mínima idea del mundo de los negocios…ni creo que nunca la llegue a tener. Nadie me dijo que estaba loca, mi familia me apoyó y eso supongo que me ayudó a  atreverme a cambiar de vida. Y realmente he cambiado de vida. Hoy soy mucho más feliz, estoy mucho más tranquila pero no tengo dinero. Es como lo de los tíos que hay que elegir entre que tenga coco o que folle bien, todo no se puede. Esto lo mismo: lo que te da pasta no te gusta y lo que te gusta no te da pasta. Todo no se puede. Yo parece que he elegido opción follar y opción  ser pobre. Vamos, que no aprendo.

Lo cual me hace pensar en que a veces equilibramos muy mal nuestra balanza y damos mucha importancia a cosas que no la tienen como el “dinero” o la “carrera profesional” que la verdadera paz y felicidad es a veces llegar al convencimiento de que estás haciendo lo que tu yo más profundo desea. Just do it, como decían los otros.  Mi “carrera profesional” me ha servido para una de las cosas qye me ha hecho y me hace más feliz: para viajar. Ahora lo se.

Se me olvidó que cuando faltaban unas semanas para abrir mi tiendita, mi novio decidió dejarme tirada (si, justo cuando más le necesitaba) pero bueno, en ese momento me cagué en todos sus muertos, ahora lo agradezco.

Para que entendáis todo este flipe que tengo con mi nuevo trabajo hay que ver la tienda. No se cómo me salió así pero simplemente me salió.  Nadie se quiere ir de aquí. Es un sitio que transmite una paz difícil de explicar. Hay que verlo.

Muchas veces, muchísimas me hago la pregunta: “¿pero por Dios qué he hecho?” pero la verdad es que los cambios son así, no hay vuelta atrás. La respuesta es simple: “Hice lo que pude” “Hice lo que por primera vez me dio la gana” “Hice la locura de mi vida”.

Y mi tienda es…..de TE (si, sí como lo oís) Ya me gustaba mucho pero tuve que ponerme a empollar y lo hice. En realidad todo se puede aprender y hacer. ¿Lo malo? Las nueve horas que paso aquí delante de mi enorme ventanal, los dos niños que tengo “abandonados”, los sábados y domingos de curro,  los días de no vender nada, el no tener dinero, el ser una autónoma puteada..¿lo bueno? las charletas con los clientes,   la cantidad de hombres que se conocen, un libro a la semana, las tardes escuchando a Billy Holliday y Charlie Parker, mi paz, mi calma, regar mis plantas, mis paseos por Malasaña por la mañana, mis sandwiches grasientos en El Palentino, mis Menús Infantiles en el McDonald´s …esas son las cosas que ahora me hacen feliz. Mañana no lo sé.

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Así que ya sabéis, ahora todo el que quiera puede conocer a Carlota en carne y huesos. Si os identificáis como lectores de este blog tendréis por supuesto una atención especial en forma de ya veré qué. En serio, me haría mucha ilusión que alguno de los seguidores de este blog os pasarais por aquí.

Mi tienda está en Malasaña, en la plaza Carlos Cambronero al lado del restaurante La Micca de Pez y se llama CAMELIA…podéis ver el Instagram @cameliatea  y la web en www.cameliateashop.com

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