Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

La verdad es que yo llegué a Instagram tarde, más bien muy tarde y lo hice porque es un arma de promoción bastante potente y yo iba a sacar una novela. De hecho ya veis que no hago más que dar el coñazo con “la pelos” para arriba y para abajo (y lo que os queda). Sin embargo, he de confesar que de todas las redes sociales ésta es la que más me entretiene y ya me siento como pez en el agua. Echar un vistazo a Instagram siempre es enriquecedor para la vista.  Me fascina la valentía de la gente normal para creernos excepcionales, así porque si, sin hacer nada más que subir una foto. Nunca fue tan fácil ser admirado como ahora.

Instagram de Miranda Makaroff

Nos hemos convertido en protagonistas de nuestras propias farsas. A veces hasta casi creo que no hacemos los viajes, las comidas y no vamos a los sitios para disfrutarlos si no para enseñarlos en Instagram. El otro día cuando estábamos en Italia uno de mis hijos se quejaba de que se le había roto el móvil y no podía poner sus foto en Instagram: “Si nadie puede ver que estoy aquí entonces es una caca” me dijo.

Igual que hay momentos divertidos, felices, tristes o aburridos hay momentos instagrameables. Todo, menos la desgracia y el infortunio es susceptible de obtener los codiciados likes. Eso si, que sean vidas perfectas y evocadoras, cosas bonitas, que pa lo feo ya tenemos la otra vida, no el mas allá sino la de verdad.

Esta frase de mi hijo resume muy bien lo que está pasando (pero también a mi, yo no me excluyo) si nadie puede ver la súper cena que me estoy metiendo entonces es una caca, si nadie puede ver lo maravillosamente bien que me sienta este biquini entonces es una caca ¿para qué lo llevo?, si nadie puede ver el libro que me he leído entonces es una caca, si nadie puede ver que soy guapa ¿entonces, para qué soy guapa?….Estamos en un momento que creo sinceramente que hacemos las cosas el 60 por ciento para nosotros y el otro 40 para colgarlo en Instagram esperando las alabanzas de los demás.

Blanca Suárez en una foto de Instagram

Yo propongo Instagramear nuestra vida cotidiana: nosotros haciendo pis, poner un stories de la bronca y los gritos que les echamos a nuestros niños, nosotros comprando en el DIA, en el metro, en la oficina, nosotros poniendo lavadoras, quitándonos los pelos, cortándonos las uñas de los pies…Esa era un poco la idea del Antiblog que tanto me divertía hacer y que creo que recuperaré en breve.

Instagram es la gran revista de estilo de vida del siglo XXI , el sitio que gratuitamente nos permite admirar cuerpos perfectos, ver casas maravillosas, envidiar vidas divinas, soñar con playas paradisiacas, creer que los famosos son nuestros amigos, colarnos en sus vidas, verles mientras eligen tomates orgánicos en un mercado de agricultores en Formentera..

No se si habéis visto la serie de Netflix Black Mirror pero hay un capítulo que va de esto, en donde toda la vida de la gente gira entorno a los likes y los followers. Da bastante miedo porque estamos más cerca de eso de lo que puede parecer..

Siempre que veo las fotos de las llamadas influencers pienso en los pobres novios, maridos o hijos de esas chicas, haciendo fotos y fotos sin descanso, bajo el sol abrasador y el frío helador y sometiéndolas después a su implacable veredicto: “no, hazla otra vez” “así no” “Que se vea el bolso” “que se vea la vía del tren” “así no. Tengo un gesto raro”..Lo raro no es que se las hagan, lo raro es que después sigan enamorados de ellas y no les estampen la cámara en la cabeza. El novio por ejemplo de Miranda Makaroff que hace unas fotos tan chulas ¿no estará harto de tanto colorín? Yo si fuera él necesitaría un chute de Bergman en blanco y negro urgentemente.

Poca gente sale en actitud natural, mirando a la cámara, riéndose….eso ya lo hacemos los normales. Poca gente quiere admitir que posa para la foto. Creo que un nuevo puesto de trabajo sería tener una especie de esclavo fotógrafo que nos siguiera como un perro fiel fotografiándonos a todas horas y por la noche nos mandara un wetransfer con el reportaje del día.

Mis ídolos son mis hijos, que sin publicar fotos tienen no se cuantos cientos de followers y cuando publican una al mes consiguen 300 likes, El “secreto” me lo dio mi hijo pequeño el otro día “Sólo hay que poner fotos muy muy chulas y muy de vez en cuando”…pues igual ese es el truco. Yo voy de culo si ese es el quid de la cuestión.

A lo largo de estos meses he estado observando una serie de comportamientos y de gente distinta en Instagram.

Los que aparecen en las fotos muy lejanos en medios de paisajes gigantes

Esto es una tendencia muy al alza que utilizan muchas influencers pero no influencers chabacanas si no las guais, las que de verdad saben. Consiste en aparecer ellas muy lejos en la inmensidad de algún  paisaje. Mis hijos dicen que esto lo hacen porque son feas y no quieren que se las vea de cerca. Yo no lo tengo tan claro.

Instagram de Laura Somoza

Influencers en actitud reflexiva

Yoga en la playa, meditación en tu hamaca mexicana, paseo en medio del campo, siesta en el barco…tú estás haciendo algo de esto y de repente alguien va y te saca una foto. ¿qué puta suerte no? Siempre pienso en el backstage de esas imagenes: “Mira fulatito, ahora me voy a sentar de espaldas en la orilla mirando al mar y me haces la foto” “Cuando justo esté haciendo el ohmm y venga la ola es cuando tienes que hacer la foto”

Influencers, hola ¿cómo se presenta el fin de semana?

Estas son las que hacen preguntas tipo esto en el texto “a por el lunes” o “Buenas noches” o “Qué calor” y acompañan estos sucintos textos con fotos en las que ellas aparecen espectaculares, lueciendo escotazos, piernazas…en realidad lo que querrían poner es: ¿A que en esta foto estoy súper mega guapa?¿a que me follarías? ¿a que quieres parecerte a mi? como eso no lo pueden poner pues ponen esto de los días de la semana.

Foto del Instagram de Paula Echevarría

Los que hacen viajes guays pero no sabes dónde coño están

Cuando uno se va a La Manga o a Torremolinos no pone fotos de Instagram. Las fotos de los lugares también tienen su modus operandi. No se sacan lugares turísticos. Eso es hortera y mainstream. Si vas a un sitio turístico no se pone una foto de lo obvio si no que hay que currárselo un poco más. Si uno va a París no saca la Torre Eiffel, saca una papelera, un andén de metro o una farola. Si uno va a Thailandia no saca un buda gigante, saca una hoja gigante de alguna planta exótica. Los sitios que molan en Instagram son o a los que no podemos ir los demás o aquellos que no tienes puta idea de dónde son porque directamente, no se reconocen. Ya puede ser Pekin o Las Hurdes que como me saques una piedra está jodido adivinarlo..y si aún encima a la piedra le pones “The end of the road” como pie de foto, apaga y vámonos (pero a otro planeta)

El Instagram de viajes de Murad Osman con más de 4 millones de followers

También mola mucho el agro-chic. Es decir una influencer que es una pija pero que de repente aparece bañándose en un río asturiano, una actriz recogiendo huevos en una granja, un modelo en una barquita de pescadores con un rape de cuatro kilos, una gallina en medio de la Sierra Tramontana..jugar a ser rústicos y a que nos encanta la madre tierra y los espacios naturales.

Vanessa Lorenzo, saltando en una foto de Instagram

Los que acompañan sus fotos de textos en inglés

Yo esto lo entendería si esa gente tuviera proyección internacional. Es decir, entiendo que Penélope Cruz escriba sus cosas en inglés pero ¿Vicky Martín Berrocal? ¿por qué escribe en inglés? ¿Somos tan paletos que aún nos parece que las palabras en inglés suenan más cool? Por que poner “Peacefull moment” en vez de Aquí tan ricamente??? Having Fun en vez de “Pasándolo pipa”??? Si aquí hablamos en español…Por no hablar del hashtag o como se diga de #aboutlastnight que ya me parece la tontunada total.

Los que solo ponen conceptos y en mayúsculas

Ahora he visto que hay una moda que consiste en acompañar las fotos de una única palabra/concepto y en mayúsculas o incluso sólo acompañar la foto de un emoji. Escribir cosas largas es un rollo, hay que leerlas, a nadie le interesa tu vida.. así que mejor poner conceptos cool y a ser posible también en inglés H A P I N E S S o S U N S H I N E….a algunos parece que no les va el espaciador en el teclado, no se.

Los posados robados

Esta es gente que aparece en la playa toda retorcida en la orilla del mar, o en la piscina echando la cabeza para atrás tomando el sol o en la orilla con el culo en pompa y de puntillas, o despértandose en su cama de sábanas blancas….a las que las han pilado así en esos momentos tan cotidianos de sus vidas.

Instagram de Nieves Álvarez

 

Los que no se fotografían enteros si no por partes

Hay gente que sólo fotografía conceptos o comida porque sus personas no les deben de parecer lo suficientemente modernas..una persona no es moderna. Siempre es igual y no es de diseño. Las cosas evolucionan. Nosotros está visto que no. Entonces fotografían formas, clicks de Famobil, comida, luces y sombras..También puede ser que fotografíen una parte de su cuerpo: una mano, sus pies, su cara cortada…El cuerpo humano es moderno por partes, nunca entero.

Los sanos de la vida

Los sanos de la vida son los que nos muestran su increíble vida saludable, que nosotros miramos mientras nos comemos un helado o estamos tiraos en un sofá con el vino y el pitillo tan agustito. Saltos, carreras, actividades saludables en paisajes naturales….no se vende como deporte si no como estilo de vida sano. El deporte no mola que se cansa uno y se suda..mola el estado de ánimo, la felicidad que proporciona, el joi de vivre que dirían los franceses…

Los de las comiditas cuquis

Los de las comiditas son los que van a un restaurante y te sacan todos los platos y todo se les queda frío después porque para hacer esa cantidad de fotos…Yo propongo hacer una categoría en Instagram de “platos comidos” y que la gente adivine qué había en ellos..seria más divertido que ver todos esos tartares, tatakis y cebiches..¿por qué nadie saca albóndigas o croquetas?

Jay y Alexis, una famosa pareja de instagramers viajeros

Los quiero y no puedo

Los quiero y no puedo somos los que pretendemos hacer todo esto pero nos sale mal. Los que vamos a un restaurante y hacemos la foto al plato medio comido y nos sale con aspecto de comistrajo,  los que nos ponemos de espaldas para que nos saquen una foto bucólica y nos sale el culo gordo o el pelo pegao, los que nos ponemos en la orilla y nos arrastra la ola o se nos sale la etiqueta del bañador, los que exhibimos nuestra sonrisa más radiante y después vemos que teníamos la espinaca de la ensalada entre los dientes…(algunas veces con la foto ya publicada)

Por eso hay dos nuevos tipos de personas: los que molan en Instagram y los que no molamos nada pero nos gustaría.

Ahora mismo acabo de meterme en Twitter y me encuentro con un tweet de una persona que sigo, @AlinaKH dice lo siguiente: Estoy viendo a una coreana que no para de hacerse selfies en el tren fingiendo que duerme. Lleva media hora así”.

Pues eso…que estamos muy mal de lo nuestro o somos unos pijos sin remedio..o quizá sean las dos cosas.

¿Qué pensáis del fascinante y paranormal mundo de Instagram?? 

 

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