Sexo en Chamberí

por Carlota Valdés

Estos días me han surgido algunas posibilidades de hacer cosas nuevas y muy excitantes, pero como suele suceder, las novedades dan miedo, especialmente si se refieren al sexo, en donde tendemos a ser bastante conservadores y muchas veces cuesta salir de la zona de confort del polvo normal. A veces me parece que soy un poco “monjil”, si pienso en la cantidad de cosas que se oyen por ahí que hace la gente. Otras en cambio parezco una loba…debe depender de quién tengas al lado y lo que haya hecho esa otra persona a su vez.

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Por unas circunstancias que no vienen al caso me ha llegado una invitación para acudir a una fiesta de esas  “liberales”. No se trata de un club de intercambio ni nada de eso si no algo más exclusivo y en una casa. Reproduzco más o menos la invitación que me enviaron, aunque no recuerdo literalmente el texto:

“Hola soy X, trabajo en el mundo del Marketing y el próximo fin de semana haré una fiesta erótica en mi casa. Seremos entre 20 y 30 personas entre hombres y mujeres. Para participar es necesario que me enviéis antes una foto y una breve descripción. La misma tarde la de la fiesta os diré mi dirección. Debéis venir con máscaras o antifaces y los móviles se quedarán en la entrada. Una vez en mi casa, os recibiré con una copa de champagne, haremos las presentaciones adecuadas y os enseñaré mi casa. También habrá un catering para que podáis cenar algo y conoceros mejor mientras tanto. A continuación comenzarán los juegos sexuales que he preparado especialmente para la ocasión. Se puede participar en ellos o no pero es mejor siempre participar si quieres vivir una experiencia que no podrás olvidar. A partir de ahí solo pasará lo que tú quieras que pase y con quien tu quieras…”

Más o menos era eso….y el reclamo es “si siempre lo estás pensando y nunca lo has hecho ahora por fin lo puedes hacer”

a-que-no-te-atreves

La otra situación ha ocurrido hace unos pocos días. Alguien al que acabo de conocer y con el que me he acostado una vez me plantea lo siguiente. “tengo una amiga en Twitter con la que hace rato que hablamos de quedar para acostarnos..cuando nos escribimos siempre hablamos  de sexo. Resulta que me ha dicho que le pondría mucho ver a alguien follando, que le da curiosidad ver cómo lo hace otra mujer.. y pues eso, que si quieres hacerlo conmigo y que ella nos mire”

Yo le respondí que me parecía que la amiga no quería mirar solo sino que se quería montar un trío por la patilla…y luego le pregunté si estaba buena, eso también. Que me mire una fea no me importa pero acostarme con ella ya es otro cantar.

Por otro lado tengo que decir que -al margen de si me apetece o no esta historia- me jode que un tío con el que he quedado ayer me diga que hoy está hablando de sexo con otra. Soy así de princesa, qué le voy a hacer.

La tercera situación ha pasado también esta semana. Un cliente de mi tienda que viene a menudo me ha preguntado a qué hora cerraba y que si me apetecería tomar algo con él. Es muy guapo. Normalmente hubiera dicho que si al momento. ¿Inconveniente-problema? Tiene 26 años..¿o realmente no es un problema?

Probablemente las tres cosas me apetecen, pero las dudas, el miedo, el no atreverse hacen que a veces nos perdamos parte de la vida o, lo más fastidiado, que decimos no a cosas que sí querríamos hacer paralizados por el miedo. Atreverse al fin y al cabo es solo un momento…el que se tarda en decir: “Sí, vale, lo hago”. Pasar del lado cómodo del no a la emoción del si es sólo un parpadeo.

Sólo he dicho no a una de las cosas. Las otras dos, aún no lo se.

¿Cuál sería vuestra respuesta?

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